Mi historia no comenzó en un quirófano, sino en casa: entre conversaciones de tratamientos, pacientes agradecidos y una madre que me enseñó que el verdadero cuidado nace de la empatía. En 2004 fundé mi primer centro estético, con más sueños que metros cuadrados. Lo llamé Ob Line Spa y, con el tiempo, se transformó en Aliestetic, una marca que refleja mi propósito: acompañar procesos reales de transformación, donde la estética es una herramienta de bienestar, no un fin superficial.
Mi llegada a Estados Unidos fue un nuevo comienzo. Llegué con mis hijos, con fe y con la determinación de volver a empezar desde cero. Comencé limpiando spas, observando, aprendiendo y tomando nota de todo lo que podía mejorarse. Con trabajo, disciplina y visión, pasé de sostener una escoba a liderar una clínica integral en Miami y luego expandirla a Naples, donde hoy integro cirugía plástica, medicina regenerativa y bienestar con un mismo hilo conductor: la humanidad aplicada a la estética.
No creo en los cambios que borran rostros, sino en los procesos que devuelven luz, textura y confianza. Por eso creé el protocolo “10 años menos”, una experiencia que combina ciencia, precisión y naturalidad. Mi propósito no es transformar caras, sino acompañar vidas. Hoy, cada logro, cada reconocimiento y cada expansión tienen el mismo origen: un servicio bien hecho y una fe inquebrantable. Porque lo que realmente me mueve no es la vanidad, sino la posibilidad de mejorar la relación que las personas tienen con su propia piel, su cuerpo y su historia.
Mi propósito es inspirar a más personas —especialmente mujeres— a reconocerse como sanas, bellas, fuertes y vitales, y a entender que la estética consciente comienza con un acto de amor propio.
La piel es un espejo de la vida. Entendemos que cuidarla es un acto de introspección y autocuidado, un reflejo de todo lo que somos.
Nuestro objetivo no es cambiar quién eres, sino revelar tu mejor versión con respeto, precisión y armonía. La belleza debe ser un reflejo auténtico.
Creemos que cada historia de éxito y transformación comienza con la decisión más importante: la de creer en ti misma. La estética es el puente hacia esa autoconfianza.
Aunque los reconocimientos son un honor, mi verdadera recompensa permanece inalterable: ver cómo alguien vuelve a mirarse al espejo y se reconoce con amor propio.